Cómo trabajamos estos procesos en el aula
- Nombre de la actividad:
cualquier actividad de las áreas instrumentales.
- Edad a la que va dirigida:
alumnado de 3º y 4º de Primaria.
- Descripción de la
actividad: con carácter general cualquiera de las actividades que los
maestros/ as plantean en las áreas de Lengua o Matemáticas para los niveles
señalados.
- Objetivos de la actividad:
adquisición y desarrollo de estándares marcados por la legislación vigente
respecto a la competencia lingüística y la matemática.
- Relación con los procesos
de atención, procesamiento de la percepción visual y funciones ejecutivas:
en nuestro supuesto, las pautas metodológicas van dirigidas a un perfil de
alumnado que presenta, fundamentalmente, dificultades en procesos atencionales,
motivacionales, bajo nivel de madurez y también se pueden beneficiar niños con
conductas disruptivas en el aula.
a) Para la mejora del proceso de
aprendizaje:
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Los niños
con déficit atencional, suelen aprender mejor cuando la información es
presentada visualmente. Acompañaremos, siempre que sea posible, la información oral, con la
presentación de imágenes.
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Las instrucciones deben ser claras y
concisas,
adecuadas a la capacidad y características del niño. Mejor sólo una
instrucción en cada emisión verbal. Si introducimos diversas peticiones en
una misma locución, el niño se pierde con facilidad.
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Ante
peticiones orales, es necesario asegurarnos de que antes se haya establecido contacto ocular. Así, eliminamos la atención a
posibles estímulos distractores y facilitamos la recepción del mensaje. Antes
de hablarle hay que pedirle que nos mire.
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La
ubicación física del alumno con déficit de atención en el aula es muy
importante. Debemos priorizar aquellos sitios con pocos elementos de
distracción (ventanas, zonas de paso, ruido, etc.), cerca del
maestro o al lado de niños tranquilos en su defecto.
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A veces,
puede utilizarse algún compañero con el que tenga buena relación y el
perfil adecuado para que le ayude en las tareas que tiene mayor dificultad.
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El niño
atenderá con mayor facilidad las actividades que sean presentadas
de forma estimulante, innovadora, especialmente si nos apoyamos con material visual.
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Es útil anticiparle
las diferentes actividades y repetir las instrucciones en el momento de iniciarlas. Es
básico asegurarnos de que el niño ha entendido la tarea antes de iniciarla.
Recordar que no es tanto un problema de comprensión sino de que el niño
atienda.
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Según la
edad del niño, podemos enseñarle a hacer esquemas, a subrayar, en definitiva,
a reconocer lo esencial de lo accesorio.
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Intercalar
actividades más lúdicas si consiguen acabar el trabajo menos atractivo
(matemáticas, etc.) en un tiempo prefijado.
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Es de gran
ayuda que en casa tenga un espacio de tiempo para trabajar con los padres y
que supervisen la realización de los deberes. Los padres son piezas
fundamentales para reforzar los aprendizajes.
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Muy útil comenzar la tarea con ellos. Luego tendrán que continuar la
tarea ellos solos.
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El punto
clave para motivarlo es que el niño vea que es capaz de ir haciendo el
trabajo como el resto de sus compañeros, pese a sus dificultades específicas.
Es necesario que nos aseguremos unos primeros éxitos al principio. No hay que olvidar que los niños
con déficit de atención necesitan más tiempo y poner mayor esfuerzo para
centrarse que otros niños sin el trastorno.
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No
compararlo nunca con otros niños. El niño con problemas de atención
tiene, sin duda, aspectos deficitarios pero, seguramente, hay también
aspectos positivos en su capacidad de aprendizaje (buena memoria visual,
etc.). Por tanto hay que buscar aquello en lo que funciona mejor para poder
motivarle en la adquisición de otras habilidades en las que presenta más problemas.
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Puede
ayudarle mucho el hecho de fraccionar las tareas escolares en pequeñas partes (paso a paso). De esta forma
podremos reforzarlo inmediatamente e invitarlo a seguir trabajando.
Probablemente, cuando el niño esté cansado, difícilmente conseguiremos que
siga trabajando y quizás sea necesaria la introducción de otro tipo de
actividades.
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Hay que tratar con naturalidad sus errores
y problemas para centrar la atención. No hay soluciones mágicas
al respecto y sólo el trabajo cotidiano y la constancia pueden ayudarnos a
avanzar.
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Si el niño
es incapaz de permanecer quieto en su asiento en el aula, puede estar
indicado el valorar la posibilidad de introducir alguna actividad que implique movimiento, por
ejemplo, ordenar el aula, ir a recoger alguna cosa, hacer algún recado, etc,
en algún momento de la clase.
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Priorizar
la calidad de su trabajo frente a la cantidad. Con frecuencia, estos niños,
presentan disgrafía, problemas con el control del trazo y, también,
omisiones, rotaciones o distorsiones de letras y números así como
distorsiones en la forma de los dibujos (tamaño, forma, etc.). Regular los
deberes para casa. Es preferible, en inicio, que hagan pocos pero bien
acabados.
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Cuando hablemos
de su comportamiento o trabajo, es importante intentar sustituir
el verbo “ser” por el “estar”. No debemos decir: “Eres muy distraído, así no
aprenderás nunca.” por: “Estas muy distraído, si quieres puedes hacerlo
mejor.” Lo que pretendemos es enviar el mensaje de que él
puede cambiar las cosas (locus de control interno) y evitar las etiquetas.
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Para estos
niños es muy importante el soporte pedagógico pero también el emocional por parte de maestros y educadores. Es necesario establecer un
equilibrio entre la exigencia de trabajo y el acompañamiento en la regulación
de los síntomas negativos del trastorno.
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Son
necesarias tutorías individualizadas de soporte. Consensuar con la familia y
los diferentes profesionales educativos unas pautas comunes de actuación,
efectuando reuniones periódicas. Igualmente hay que utilizar la agenda
escolar como medio de comunicación diario entre escuela y casa.
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c) Para regular su conducta en
clase:
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Concretar
al niño qué quiere decir “portarse bien.” Por ejemplo, especificaremos: “Acabar la página o ejercicio, no
levantarse de la silla, no chillar, etc.” Hay que evitar instrucciones
largas o que comprendan varias demandas a la vez.
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Hacer una
lista de las cosas que sí se pueden hacer (hablar bajito, levantar la mano
para solicitar alguna cosa en clase, salir del aula con tranquilidad, etc.)
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Poner las
normas por escrito, con soporte gráfico y en un lugar visible para todos los
alumnos. De esta forma les recordamos permanentemente lo que se espera de
ellos en clase.
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Marcar los
límites de forma muy clara para todos. Establecer las consecuencias para los alumnos
con déficit atencional suele funcionar muy bien la economía de fichas. Deberemos tener en cuenta que funciona mejor la retirada de
puntos (coste de respuesta) que el castigo directo (perdida inmediata del
reforzador o premio). Recordar también que tanto el premio como el castigo (tiempo fuera u otro) funcionan mejor si se aplican de forma
inmediata después de la conducta que queremos premiar o evitar.
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Cuando
apliquemos algún correctivo es importante mostrarse seguro y contundente pero
a la vez debemos ser capaces de no chillar o alzar la voz. Esto puede alterar
más al niño y no vamos a conseguir ningún efecto positivo. Podemos explicar
muy brevemente el motivo de nuestra decisión pero sin razonar excesivamente,
ahora no es el momento.
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Evitar
comentarios, cuando le llamemos la atención, del tipo: “eres un desastre, nunca harás
nada, no tienes remedio, estoy harto de ti, etc.” Podemos en su lugar sustituirlo por:“Estoy
disgustado por tu conducta, me duele apartarte de tus compañeros, sé que
puedes hacerlo mejor si quieres…”
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El maestro
es un modelo para el niño. Hay que ser tolerante, flexible y paciente con
estos niños en la medida de lo posible. Suelen requerir más afecto dado que,
a menudo, se sienten solos. Es necesario combinar la exigencia de trabajo con
la comprensión hacia su trastorno.
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La
comunicación con la familia es fundamental en este trastorno. Se recomienda
que haya un tutor o maestro de referencia para efectuar el oportuno
seguimiento y coordinar las acciones con la familia.
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Su
peculiar conducta suele propiciar la incomprensión y alejamiento de una gran
parte de sus compañeros. No saber esperar los turnos en el juego, mostrarse
nerviosos o excesivamente impulsivos pueden granjearles más de una enemistad.
No obstante, la mayoría de ellos necesitan (como la mayoría de niños) del
afecto y amistad de sus iguales. Por tanto si el niño se siente rechazado
puede incrementar algunas de sus conductas negativas.
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Para
prevenir problemas, puede ser muy útil explicar al resto de compañeros de
clase (a partir de Primaria) la necesidad de que algún o algunos compañeros
necesiten consideraciones especiales y tengan un peculiar funcionamiento. La
idea es lanzar un mensaje de que el trastorno de la atención no es un
problema exclusivo de una posible mala educación, sino que hay en su base
componentes biológicos de difícil control por parte del niño que lo padece.
Ello, pero, lleva añadido el riesgo a que se etiquete al niño. Deberá
valorarse cada caso en función de las características del niño, familia y
escuela.
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Otro
recurso que puede utilizarse, es buscar un compañero con el que se lleve
bien, para ayudarle en sus tareas en clase y acompañarlo en algún tipo de
juego guiado bajo la supervisión del maestro. La idea es ir consolidando un
mejor funcionamiento social.
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